GUINEA ECUATORIAL: UN CAMINO DEMASIADO LARGO

Por Juanma Aznárez, Periodista

Muchas veces, los pobres mortales como nosotros, nos preguntamos cómo es posible que los dirigentes no vean las soluciones a los problemas cuando son tan claras que cualquiera se daría cuenta. Durante estas fechas de Navidad me quedé mirando a un grupo de voluntarios que hacían guardia a la puerta de un supermercado. Los clientes que salían cargados de bolsas dejaban una o dos a los del banco de alimentos que, a su vez, iban llenando cajas con artículos de primera necesidad para luego repartirlo, supongo, entre los pobres de la ciudad. Me acerqué y les felicité por el trabajo que estaban haciendo. Ahí estaban, sin cobrar nada por pasar horas y horas recogiendo y clasificando lo que la buena gente dona pero, pregunté por algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención. Los dueños de los supermercados deben estar encantados con la pobreza que nos rodea. Cuantos más menesterosos haya mayor será el beneficio empresarial y me explico. Yo, tenía pensado gastarme unos diez euros para cubrir mis necesidades pero al ver a los de la oenegé de recogida de alimentos decido que me voy a gastar cinco más. Obviamente, este gasto extra irá directamente a la cuenta de resultados del super ¿no?. Aquí todo el mundo arrima el hombro: los voluntarios, los clientes del establecimiento y las entidades colaboradoras mientras otros: el Mercadona, Carrefour, Lidl, Dia, Eroski … miran para otro lado aunque, de paso van haciendo caja a costa de nuestra solidaridad. El buen samaritano me mira,  me da la razón y me dice que sí, que es verdad, que los del supermercado se lo llevan crudo pero que no le cuente el problema y que le de alguna solución al respecto. La solución que me parece justa, supongo que a otros se les ocurrirán otras ideas iguales o mejores que la mía, es que a la hora de pagar, la bolsa que voy a dejar en la caja solidaria y que no es para mí, me cueste, por lo menos, la mitad y que la otra parte, un miserable cincuenta por ciento, corra a cargo del supermercado, que ya se lleva un buen margen de beneficio en cada producto que vende. Pues bien, algo tan simple, tan evidente y de una lógica aplastante, no solo no se pone en práctica sino que encima te recriminan por el mero hecho de pensarlo. Nos estafan en la cara y encima nos tiene que gustar. Los ciudadanos de a pie terminamos con la conciencia marchita como si fuéramos los culpables de la miseria del mundo …. ah, y no nos olvidemos que cada producto que compramos, bien para nosotros o para las víctimas de un huracán, llevan su correspondiente IVA con los que financiamos políticos e instituciones varias que, visto lo visto, escurren el bulto para que seamos nosotros, la pobre ciudadanía, los que arreglemos estos problemas de la crisis y la escasez.

Las soluciones, como digo, parecen fáciles pero nadie se las toma en serio. Con la inmigración pasa lo mismo ¿Cómo es posible que un grupo de incompetentes recalcitrantes expulsen a la mayoría de su pueblo sin que ocurra nada? Un dictador, un gobernante criminal, empuja a su gente a huir de su propia casa; a jugarse hasta la vida para llegar a un lugar medianamente decente en el que poder refugiarse mientras a los tiranos no les pasa nada. No solo no les pasa nada, le llueven las ayudas para que reciba a los deportados que volverán a intentar salir una y otra vez de la miseria a la que les condena el indeseable tirano de turno, en un bucle de pesadilla.

Tenía un amigo que decía que a los que había que meter en una patera era a esta panda de sátrapas y de mal nacidos que arruinan y matan al pueblo mientras ellos y sus allegados se hacen de oro. Muchos dirigentes africanos son los directos responsables del éxodo masivo de personas que buscan una vida mejor más allá de sus países de origen. En esta trágica travesía, a la que son empujados por culpa de estos dirigentes incapaces, muchos son explotados sin contemplaciones y no digamos si la víctima es una mujer o un niño. Detrás de los políticos corruptos hay mucha desgracia. Un infierno. Hay que acabar con los tiranos y sus cómplices como sea. Algo tan fácil de pensar pero tan complejo de hacer realidad.

Guinea Ecuatorial, dicho sea de paso, está a punto de cerrar otro siniestro capítulo de su reciente historia. Desde que alcanzó la tan cacareada independencia solo ha conocido desgracias y recorridos por el submundo de la tiranía y la desfachatez. Como en otros países del continente, los avances sociales son una utopía; o son tan insignificantes que ni se notan o sencillamente han desembocado en situaciones tan aberrantes que han hecho buenas hasta las pasadas épocas coloniales. Se dan paradojas tan sangrantes que mueven a la repulsión como, gente que se juega la vida por alcanzar un futuro incierto mientras sus clases dirigentes gozan de privilegios solo al alcance de las grandes fortunas mundiales. Una vergüenza.

Las que fueron llamadas “Provincias de Ultramar”, ahora explotando grandes recursos naturales, siguen sumidas en un estancamiento social y económico de muy difícil comprensión. Guinea Ecuatorial se ha convertido en el “patio trasero” de naciones, supuestamente civilizadas, donde se trafica con todo a costa de la vida y el futuro de sus habitantes.

¿Cómo se puede acabar con tanta ignominia? Bien, pues aunque nos asista la razón, la solución no parece nada fácil.

La voz apagada de los disidentes es la esperanza del país. Una república basada en la ley, en el respeto y la dignidad, sería buena para todo el mundo. Los que explotan sus recursos, tendrían sus justos beneficios; los que gobiernan, lo harían sin que se les cayera la cara de vergüenza y sus habitantes se convertirían en ciudadanos que no tendrían que huir para sobrevivir. El camino se está haciendo muy largo pero, si se consigue, habrá valido la pena.

 

 

 

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