LA CREDIBILIDAD E INCREDIBILIDAD DE NUESTRAS INSTITUCIONES

Bienvenidos de nuevo a ésta, nuestra ventana cultural. Me gustaría que estas pequeñas reflexiones fueran una toma de conciencia del momento que atraviesan nuestros pueblos, y a la sombra de aprender palabras nuevas que, para muchos, si no nos suena, sí tendríamos que tomarlo en serio.

¿Qué podemos decir de las Instituciones públicas y privadas ? Me detendré en señalar que una institución es un organismo para desempeñar una determinada labor cultural, científica y política de índole social. También podemos entenderlo como cooperativas creadas bajo imposiciones legales y formalmente establecidas; sabemos que tienen una bella finalidad de transcender las voluntades individuales, y crean y reducen las incertidumbres, además de proporcionar la estructura de incentivos.

Estaremos en buen camino si nos ayudan a entenderlo así. Estas instituciones se suelen renovar. Renovar no es repetir las mismas estructuras y personajes porque entiendo que obedece a mecanismos sociales de tipo administrativo o costumbrista. Siempre hemos afirmado que las personas tenemos una única vocación y no la compartimos con los animales, porque allí entran otros factores como la inteligencia, el pensamiento y la razón; es la vocación a la libertad; ser libres y hermanos y en eso le doy la razón a mi profesor de teología, porque añade que, en dicha condición, nos parecemos a Dios. Ser y Amar en Libertad.

Creo que una verdadera institución debería ser como los brazos de un cuerpo, dotados de toda red asistencial de carácter legítimo y organizado y que incluya al mismo tiempo personas físicas y jurídicas en vista a promover el desarrollo, la participación política; asimismo y, porque constituye toda actividad laboral, debe haber un proyecto y un ciclo formativo a nivel nacional e internacional, llámese instituciones democráticas o del estado, dotados de una nomenclatura y capacitación; que no nos sorprenda, – y lo he dicho antes – La Iglesia también es una institución no atemporal, pero sí divina en su fundación.

Estimados amigos y lectores, mi ilusión es que vayamos aprendiendo cosas nuevas, porque lo exige los signos de los tiempos, así como el mundo virtual. Cuando confundimos una institución con un grupo de amiguetes con los que me llevo bien, o lo que es lo mismo, mi entorno familiar se vuelve una institución, no vamos bien. Y es que algo está fallando. Ignorar la presencia de una institución cuando se dice un estado democrático,  y  no aplicar sus consideraciones legales,  es lo mismo. Si me dices que una institución es el bar de al lado, algo va mal. Un sacerdote solo no es una institución. pero sí, pertenece a una institución, y creo que nuestras instituciones tanto públicas como privadas, merecen nuestro respeto y consideración a la hora de representar lo que uno defiende; es más, cuando se defiende lo que uno representa, resulta embellecedor. No son juegos de palabras, sino una admirable verdad: Qué bueno es DEFENDER LO QUE REPRESENTAS, Y REPRESENTAR LO QUE DEFIENDES. Esa lógica me recuerda al discurso del entonces mandatario de E.E.U.U. Sr. Barack Obama en su viaje a la África de sus orígenes, y decía: África no necesita hombres fuertes, sino Instituciones fuertes. Allí me quedé asombrado.

Hay que subrayar un único elemento que nos llega de la enseñanza social de la Iglesia hablando de una institución: El cardenal Montini, es el primer Papa en hablar en la ONU en Nueva York: Papa Pablo VI se dirigió a la asamblea de las naciones unidas e hizo suya, la voz de los pueblos, de los desheredados, de los pobres y de los desventurados; una voz institucionalizada, “nunca mas la guerra, nunca más” y habló en favor de los que aspiran a la justicia, a la dignidad, a la libertad, al bienestar y al progreso. Y la ONU había de ser puente entre los pueblos y hacer fraternizar a todos los pueblos; grandes lecciones de humanismo y la vocación eclesial de servir a la misión de la Iglesia. Siempre en la linea de impulsar a la promoción de la dignidad humana para todos. El pontífice asumía el compromiso de la paz que debe guiar a la humanidad de la enseñanza de sus predecesores, papa Pío XII y Juan XXIII… No basta alimentar a los que tienen hambre: es necesario además, asegurar a todo hombre una vida conforme a su dignidad, y así lo precisó. A los 50 años después, lo hará el Papa Francisco, coincidiendo con el 70 aniversario de las Naciones Unidas, el Pontífice papa Francisco defendió el medio ambiente, la defensa de la vida humana, y el acuerdo sobre el desarrollo sostenible, llámese cambio climático, y el futuro de una Paz estable. Es imprescindible recordar el segundo gran pilar de la política exterior de Juan Pablo II su incansable preocupación por el régimen comunista que tenía maniatado a la Iglesia del silencio de su Polonia Natal…¡ Cuantos acontecimientos y propuestas de diálogo institucional de tantos organismos e instituciones nacionales e internacionales!

Hace pocos días, el mandatario francés, E. Macron en una conferencia con la Iglesia francesa, argumentó su desafió a los escépticos de ambos lados – Iglesia Estado – reconociendo el valioso aporte de la institución eclesial y su vínculo a este Estado. No faltaron voces de crítica por un lado, pero lo que sí es cierto, es que el Sr. Macron defendió lo que realmente cree: que una institución debe unificar un pensamiento, en el que la razón dialoga con una concepción trascendente del hombre: Precisó que no pretendía elegir un credo republicano, pero cerrar los ojos a la dimensión espiritual que los católicos invierten en su vida moral, intelectual, familiar, profesional y social, sería condenarse a tener una pobre visión parcial de Francia; no admitir esta realidad sería desconocer el país, su historia, las raíces cristianas de Europa; y derogaría su misión, por eso, no se inclinó a ninguna confesión religiosa, pero sí, respetó este misterio de la humanidad que se llama santidad, e incluso citó al papa Francisco en su última exhortación y porque cree que es el rostro más bello de la Iglesia.

Estimados jóvenes y compatriotas todos, tened cuidado con el analfabetismo cultural. Cómo me gustaría potenciar nuestras emociones positivas, desterrar los miedos que oscurecen las conciencias, y pertenecer a una institución de hombres y mujeres de nueva generación cuyo lema es la civilización del amor.

Un atento saludo a todos,

Por Marcelo Ndong Obono

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