LA SOBERBIA, EL ARMA DE LOS MEDIOCRES; Por José Eugenio Nsue

LA SOBERBIA, EL ARMA DE LOS MEDIOCRES; Por José Eugenio Nsue 

DIARIO UTAMBONI, 10 Noviembre 2018

La palabra ‘soberbia’, del latín soberbia, es un sentimiento de valoración de uno mismo  por encima de los demás, sobre valoración del yo respecto de otros, es un sentimiento de superioridad que lleva a presumir de las cualidades o de las ideas propias y menospreciar las ajenas. Se diferencia del orgullo en que este es disimulable, apreciado cuando surge de virtudes  o de causas nobles, y la soberbia manifiesta el deseo de ser preferido por otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del yo, del ego. Se puede decir que el orgullo puede derivar para la soberbia. La soberbia es una actitud orgullosa consistente en la perspicacia de aquella persona que se envanece  a sí misma. 

También se llama así a la rabia o al enfado que muestra una persona de manera exagerada ante una contrariedad; es uno de los siete pecados capitales para la Iglesia católica junto con la lujuria, la pereza, la gula, la ira, la envidia y la avaricia. 

Esa actitud suele ser típica de aquellos que, o bien carecen de virtudes por las que lucirse públicamente, o bien quieren magnificar algunas cualidades para aparentar lo que realmente no son y se dedican a presumir ante los demás si no, se ponen a atacar, criticar, descalificar o menospreciar a los demás y hasta se atreven a dar lecciones éticas y cívicas a todo el mundo. 

Esto mismo es lo que les pasa a los ciudadanos de los países igualmente mediocres frente al resto de otros mucho más desarrollados cívica, social, cultural, económica y democrática-mente.

Desde hace bastante tiempo por ejemplo en España, está arraigada una opinión muy negativa, superficial de sus ciudadanos en contra de los Estados Unidos como si este fuera un país tercermundista; critican los valores norteamericanos, censuran y califican sus políticos como energúmenos, retrógrados y nocivos y se olvidan que se trata de un país que es la madre de la democracia moderna de todo el mundo, es la primera potencia mundial en todos los aspectos y, para mal o para bien, se ha convertido desde la Segunda Guerra Mundial en la policía o defensor de los derechos humanos en todo el mundo llegando a derramar mucha sangre sus súbditos por querer imponer la paz en los continentes y países que no son suyos, por supuesto que se mueven por intereses económicos y/o geoestratégicos, igual que todas las demás potencias. Estados Unidos son también cuna de las libertades de todo el planeta: libertad religiosa, libertad de expresión, libertad sexual  y libertad económica; mientras que España misma que celebra su cuadragésimo aniversario de la democracia este año 2018, el 6 de diciembre, adolece de un sin fin de prácticas y conductas democráticas. 

Parece ser que todo lo que suena a la derecha es extrema en España y como tal no tiene nada positivo porque esta defiende valores anacrónicos, salvajes e inhumanos y, por tanto, no merece la pena ni merece el más mínimo respeto así, basta seguir los comentarios en las redes sociales, medios de comunicación sobre el Primer ministro italiano: Giuseppe Conte del Movimiento “Cinco Estrellas”, o del nuevo Presidente  de Brasil: Jair Bolsonaro; ya ni hablar del ‘demonio’ Donald Trump, Presidente de los Estados Unidos. Todos ellos no gozan de ninguna simpatía por parte de la opinión pública española a pesar de que todos esos han sido elegidos democrática-mente por sus conciudadanos, gozan de la aceptación de la mayoría de su población a quienes deben sus cargos y han de responder de su gestión; esos que votan a esos políticos estigmatizados por españoles son tan personas igual que ellos y viven en países democráticos y forman parte de sociedades libres y desarrolladas más o igual que la española. Tanto se habla aquí de la tolerancia, de las libertades individuales, de no inmiscuirse en los asuntos ajenos, del respeto pero, a la mínima, todo el mundo casi salta todos esos preceptos y se cree en posesión de toda la verdad y quiere que la realidad fuera tal y como la percibe y que todos hagan, piensen y se comporten como ellos. Y resulta paradójico que, a pesar de la fama de in-solidarios, xenófobos y racistas que tienen esos mandatarios, en parte por sus propias declaraciones descabelladas, en cambio miles de personas caminan miles y miles de kilómetros o se arriesgan cogiendo pateras para llegar a esos países. 

Criticar es legítimo, dar opinión es libre entre los civilizados pero, había que hacerlo dando el ejemplo. Se dice en mi pueblo: “dime de qué presumes, te diré de lo que careces”.

El colmo de los soberbios somos los africanos. Muchos no somos capaces de poner orden en nuestros propios hogares, no somos capaces de reivindicar nuestros derechos ante los jefes tradicionales, ni mucho menos ante las autoridades ni locales, ni provinciales, ni nacionales; estas hacen con nosotros, los ciudadanos, lo que quieren, nos han despojado de todos nuestros derechos hasta nuestra dignidad humana y no podemos decir nada razón por la cual nos vemos obligados a escaparnos, los que nos lo podemos permitir, huyendo de las dictaduras, de las persecuciones y faltas de libertades, y huyendo de la miseria y enfermedades. Muchos se quedan en el intento (esta misma semana están sacando de las aguas andaluzas decenas de cadáveres que han naufragado en su intento de poner tierra de por medio de la miseria, hambre y de la violencia); los desiertos de Sahara y Ténéré, el océano Atlántico y el mar Mediterráneo se han convertido en los cementerios más grandes del mundo; nadie puede saber cuántos africanos pierden sus vidas en ellos. Las vallas de Ceuta y Melilla y los territorios libios donde aún sigue habiendo negreros son la clara estampa de la vergüenza de todo el continente negro y un claro ejemplo de lo que es África en esos albores del siglo XXI, el hazme reír de la humanidad. En dichas zonas se ve cada día cómo cientos de miles de africanos son tratados como seres insignificantes y cómo deambulan agolpándose en la frontera de Marruecos con España desesperados queriendo entrar como sea en Europa; todo eso a la vista de los dirigentes africanos sin que ninguno solo se indigne y trate de hacer algo. 

Resulta que, una vez en Europa, nos convertimos en expertos y catedráticos de historia, de filosofía, de la diplomacia y de la ‘Realpolitik’ y vamos dando lecciones magistrales a los europeos de qué es la inmigración, cuáles son las causas de la inmigración y qué deben hacer los europeos para que no haya más inmigrantes clandestinos como ese joven ¿camerunés o senegalés? que está encandilando a muchos inmigrantes africanos con sus vehementes discursos ante ingenuos europeos que, haciendo como si no supieran de qué va el tema, le escuchan con la semblanza de hacerle caso, hipócritas, cuando con sus actos o por omisión son cómplices de las políticas que practican sus gobernantes. Hasta los que le siguen y hacen caso de esa ‘performance’ afirman que será o habrá sido recibido en el Parlamento o Consejo europeo; ¡¡por favor!!

¿Qué dice el caballero, ‘don Quijote negro’, a los políticos europeos que ellos no sepan de África, por el amor de Dios? ¿Quién puede creer que los europeos que cortan y reparten el bacalao ignoran las causas, el origen y las consecuencias de la inmigración africana tanto para África, el continente de origen, como para Europa, el continente de destino de los inmigrantes?

No sé si muchos africanos pecamos de soberbios y altaneros  o de ingenuos. En todo caso, me quedo con el dicho de los sabios griegos: ‘conócete a ti mismo’. Ya es hora de que los africanos nos conozcamos a nosotros mismos, que carguemos con nuestra Cruz de las fechorías y demás barbaridades que nos estamos haciendo a nosotros mismos, y nos demos cuenta de que así como vamos, así como estamos y así como vivimos no podemos avanzar ni ir a ninguna parte. Ya está bien de escurrir el bulto siempre, de culpar a los demás, europeos, de nuestras desgracias; padecemos de “infantiloide”. 60 años después de nuestras independencias seguimos culpando a los europeos de nuestra inoperancia: que si Europa ha hace esto; por culpa de los europeos nos pasa tal cosa o carecemos de esto o lo otro; si emigramos es por culpa de Europa; si nuestros gobernantes nos maltratan, nos roban es por culpa de Europa; si nos enfermamos o somos incapaces de mantener el orden, de vivir en la limpieza y con higiene…., es por culpa de los europeos. 

Como lo suele decir el maestro de los audistas, Ondo Ekekam, en fang: “BĂ ADEGUE M’BEG EVÚMU ÔVÀ AKU, BĂ ADEGUE M’BEG EVÚMU ÔVÀ AKOB” (algo así como que ‘no hay que mirar uno donde se ha caído, sino donde se había tropezado’). Los africanos debemos mirar dónde nos equivocamos, qué ha hecho para que estemos como estamos cuando se creía que con las independencias íbamos a vivir mucho mejor; sobre todo, qué podemos hacer para revertir esta situación y no venir a otros continentes haciendo el ridículo ya que es fácil que nos digan: médico, cúrate a ti mismo. Si eso, podíamos pedir ayuda, consejo y colaboración y no dar lecciones ni consejos para aquellos que no les interesa nada de lo que nos pasa o sí que les interesa que nos pase lo que nos pasa a los africanos y a África porque están pescando en ese río revuelto, como todos sabemos.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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