SE VA 2018; REFLEXIONES DE JOSE EUGENIO NSUE

SE VA 2018; REFLEXIONES DE JOSE EUGENIO NSUE

Diario Utamboni, 22 de diciembre de 2018

Siempre que llegan esas fechas de Navidad y fin de año, momentos entrañables en los que los familiares se juntan, los trabajadores aparcan sus quehaceres cotidianos para descansar y pasar con sus seres queridos esos momentos y donde todo el mundo trata de poner buena cara, vestirse con los mejores trajes y poner sobre la mesa los manjares más exquisitos según las posibilidades de cada uno porque llega la Navidad y a punto de estrenar un nuevo año; en cambio para mi, me causa unos sentimientos encontrados. Por un lado me sumo al regocijo y alegría de saber que una vez más el Dios creador se ha acordado de nosotros y nos vuelve a enviar a su Unigénito Hijo para llenarnos de Paz y Amor que tanta falta nos hace, también porque con el nuevo año tenemos la posibilidad de seguir disfrutando de la vida, para aquellos que les está yendo bien, o seguir intentando revertir la situación si en el año que se va no sé ha podido lograr los objetivos marcados; por otra parte, me entra la morriña y la angustia de no poder reunirme con lo que me queda de familia en la tierra que me vio nacer, con mis amigos y compañeros para compartir y repartir como lo hace todo el mundo, y ya van bastantes años.

2018 nos deja con la boca haciéndonos  aguas. Esperábamos muchos que este iba a ser el año de inflexión tras 50 años de tristeza, lágrimas, muertes, torturas, miseria; de sufrimientos, muchos sufrimientos. Decíamos y nos deseábamos un año lleno de prosperidad, de justicia y de libertades. En fin; lo bueno de todo es que mientras haya vida, siempre habrá esperanza. Al año que empezamos en breve es y debe ser el año de la Esperanza; como decía Ovidio: ‘la esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado’. Parece que los guineanos, en su gran mayoría, somos náufragos en medio de las aguas inmundas e infecciosas que se han convertido la sociedad nuestra, que están acabando con nosotros; nos ahogan en el odio entre nosotros, en la indiferencia y en la falta de empatía que nos hacen mirar hacia el otro lado cuando vemos sufrir al vecino, en la criminalidad en cuanto al trato con nuestros semejantes, en el arte de apropiarse de lo ajeno hasta el extremo de convertirnos en uno de los  primeros países del mundo en cuanto al robo sin rubor, también en la indecencia que nos ha vuelto ser sinvergüenzas y petulantes aún cuando carecemos de que presumir y de méritos.

Le toca a cada uno hacer balance de como le ha ido el año que se va, si ha visto cumplidos sus sueños y los de sus allegados. Donde no hace falta hacer ningún balance porque salta a la vista de todo el mundo es en nuestro país por su estancamiento y la falta de desarrollo. Pasan los años y mueren las personas, las de un único bando, el bando de los náufragos; lo que nunca cambia en Guinea es la lamentable situación de la que venimos atravesando desde los tiempos de Matusalem. Recibimos el 2018 con la suspensión de los vuelos de Iberia, una compañía con la que inauguramos casi el aeropuerto de Santa Isabel hoy Malabo. 2018 nos encontró con muertes masivas entre la población; muertes perfectamente evitables, y nos deja con las mismas o más; nos encontró con miles de guineanos carentes de empleos, y nos deja con el doble o triple de desempleados; nos encontró con torturas indiscriminadas, encarcelamientos masivos, absurdos y arbitrarios por parte de los del sindicato del crimen organizado, y nos deja en la misma situación; nos encontró con la oposición en auténtica guerra fratricida sin cuartel, y nos deja con una oposición hecha añicos; nos encontró con ‘nuestra’ familia real de Akoakam en plena orgía de festejos de como les va la mar de bien en todo, y nos deja con ella festejando y celebrando por todo lo alto los 50 años de vida marital, los 60 años de la reina de Angong que ostenta el récord mundial de precocidad de haberse casado por la Iglesia de Jesús de Nazaret con 10 años … Así que, una vez más, hemos vuelto a tener otro año inservible, plano, desaprovechado.

Lejos de arrepentirse y vestirnos con el traje de desilusión, del conformismo y de resignación, que es el traje de gala de los guineanos del que nos negamos rotundamente de quitar hasta cuando nos duchamos, vengo en este penúltimo domingo del año 2018 a decir a todos los guineoecuatorianos náufragos que nada de perder la Esperanza, que agitemos aún más fuerte los brazos hacia el cielo para que Emmanuel, Dios con nosotros, Jesús venga a nuestro rescate.

No perdamos la fe; Dios no sé ha olvidado de nosotros, no lo puede hacer porque seguimos siendo hijos suyos, sus predilectos como todas las creaturas y sabe más que nadie que estamos al borde del precipicio y necesitamos su syuda pero, como Él aprieta pero no ahoga, pronto, muy pronto le veremos venir para salvarnos aunque también es cierto que si nosotros mismos no nos movemos, si no hacemos nada, si seguimos como las gallinas con las cabezas bajo las alas, si no agitamos nuestros brazos Dios no podrá ayudarnos porque nos ha hecho sin nosotros, no podrá salvarnos sin nosotros; ¿a que fue su mismísimo Hijo Unigénito quien nos dijo en el Evangelio de San Mateo, 7:7-8: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá? Esta es la cuestión; no debemos esperar sentados por nadie; debemos de esforzarnos, luchar por nuestra dignidad y por nuestra supervivencia y la de nuestros hijos y la de los hijos de nuestros hijos.

Este es mi mensaje navideño para todos mis carísimos, amigos, conocidos y para toda Guinea Ecuatorial; que nos mantengamos esperanzados y luchémonos por nuestros sueños, por nuestro país confiando que el Niño-Jesús nos traerá esa fuerza misteriosa que Dios suele dar a los que le invocan.

Que los insaciables comerciantes que han llenado el país con carne infectada de salmonela prohibida en todo el mundo para hacer su agosto a costa de la salud de los náufragos guineanos en unas fechas que todas las familias hacen esfuerzos descomunales para poder comer algo decente y con cierta dignidad, no nos quiten la ilusión de vivir la Navidad; que la inoperancia, la desidia y la corrupción de aquellos dirigentes que debían velar por la salud  y bienestar de los ciudadanos se limiten a llenarse sus bolsillos y vivir a cuerpo de reyes y toleren que se llenen el país con productos caducos, contaminados y nocivos, no arruinen el espíritu navideño; y que los Bon Manga que se dedican a saquear el país, llenar maletones de dinero para llevarlos a Europa, América o Asia dejando que los funcionarios estén a dos velas, cobren unas verdaderas miserias cuando cobran y que muchísimos de ellos no pueden si quiera desplazarse a sus pueblos para celebrar las navidades con sus familiares por falta de medios, no tiren por la borda la Esperanza de un nuevo año lleno de salud, alegría, felicidad, trabajo para todos, amor a borbotones, justicia, paz, libertad y una Guinea Ecuatorial libre de mangantes, asesinos, traidores, brujos, violadores, dictadores y todos sus derivados.

A todos y a todas, ¡¡FELICES FIESTAS NAVIDEÑAS Y UN PROMETEDOR 2019!!

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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